Naturaleza de la ciencia

Comencemos pues por definir la ciencia martinista.

Pero antes, ¿existe una ciencia martinista? ¿Nuestra ciencia no es la de todo el mundo? ¿Tenemos la pretensión de poseer una ciencia oculta a todos los hombres? A estas preguntas hay que responder con una diferenciación.

Nuestra ciencia tiene por objetivo lo mismo que la ciencia profana, pero tiene otro espíritu.

He aquí la solución al problema. Nuestra ciencia, digo, tiene el mismo objetivo. Estudia las mismas cosas, sin exceptuar, por supuesto, las ciencias ocultas que la gente vulgar teme o desprecia.

Esta que claro, que la ciencia acepta como serios los métodos de la ciencia profana y da por buenos sus resultados. Todo lo que es científicamente demostrado es admitido por nosotros sin dificultades ni reservas. A diferencia de ciertas iglesias, nosotros no tenemos ninguna desconfianza en el progreso de espíritu positivo: sabemos que ninguna verdad puede contradecir las verdades superiores y que todo lo que es verdad es bueno para decirlo y para meditarlo. Estamos, por lo tanto, contentos con el progreso de la ciencia positiva; buscamos lo mismo y deseamos contribuir en la medida de nuestras fuerzas. Todo lo que se haga por ello es bienvenido entre nosotros.

¿Pero, quiere eso decir que nos atenemos a las enseñanzas de la ciencia positiva?

No, mi hermano, y es aquí dónde aparecerá en vos la originalidad de la ciencia martinista. Los resultados de la ciencia positiva son resultados fragmentarios y discontinuos. Cada una de las ciencias en las cuales se fracciona, vive en un aislamiento celoso de las otras ciencias; en cada ciencia varias escuelas están en oposición sobre los principios más fundamentales. Una tentativa de síntesis es hecha y la mayoría de las veces sólo es una apariencia de síntesis, teniendo como único fin el de convencer a las escuelas disidentes a unirse a las teorías de una de ellas, o subordinarlas a las ciencias vecinas, a aquellas que practica el autor de la tentativa. El espíritu del martinismo, mi hermano, es más amplio.

Es el espíritu de la verdadera síntesis. No queremos permanecer en el dominio de las verdades analíticas, porque el espíritu humano, que es uno, necesita una única verdad. Pero no queremos tampoco una síntesis hecha arbitrariamente. Queremos una síntesis racional, que respete todos los hechos adquiridos, que tenga en cuenta todas las teorías serias, pero que al mismo tiempo no exagere ninguna, y muestre a cada una de ellas que, para completarse necesita de todas las demás, para hacer, con todas estas verdades incompletas que son perjudiciales si se las toma por la verdad total, los materiales del edificio sostenible, del edificio completo y benéfico de la ciencia.

2. La Orden Martinista es Martinecista:

La Fe hace al fiel, la Gnosis hace al iniciado. La doctrina, el sistema legado por Martinés de Pasqualy en su Tratado de la Reintegración, constituye hoy día la exposición más completa sobre el esoterismo judeocristiano que jamás hemos tenido. Es el conocimiento perfecto de ese sistema el que hace al Martinismo una Iniciación y no un misticismo.

3. La Orden Martinista es San-martiniana:

 La obra de Louis Claude de Saint Martin completa la obra de Martinés de Pasqually que quedó inconclusa. Esta obra abre el corazón y señala las prácticas puramente internas.

Aporta también algunos complementos que el Filósofo Desconocido obtuviera de Jacob Boëhme, otro elemento fundador, aunque indirectamente, del Martinismo contemporáneo.

Desentenderse de la obra de Louis Claude de Saint Martin es perjudicial para el ser de Deseo y hasta puede desorientarlo hacia una vía sustituida.

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